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Abecé para principiantes (futuros ‘manos verdes’)

Este artículo está dedicado a las personas cada vez más numerosas que acaban de descubrir el mundo de las plantas y están aprendiendo a cuidarlas. Contar con estas nociones básicas facilita cometer menos errores y disfrutarlas más.




¿Leñosa o herbácea? ¿Qué tipo de planta tienes entre manos?

¿Es una sansevieria como la de la foto? Fíjate en los tallos, son tiernos. Conclusión: es una herbácea. También lo son las begonias, los geranios, los tulipanes y tantas otras plantas de jardín o ‘de interior’... Es evidente que las leñosas cuentan con una corteza dura que protege su tronco y ramas: son los árboles, arbustos y palmeras. Pero volvamos a las herbáceas: al ser más tiernas son más sensibles al efecto del frío (se hielan con mayor facilidad que las leñosas) y las altas temperaturas (resisten peor la falta de agua y un golpe de calor puede dejarte sin planta). Tenlo en cuenta (y lee lo que sigue).


¿Cuánto vive (bien cuidada) una planta?

Para que te hagas una idea de cuánto tiempo podrás disfrutar de tus plantas si les proporcionas los cuidados adecuados…

• Las leñosas son por razones obvias las más longevas. Valga el ejemplo de los olivos de Ulldecona, Tarragona, que tienen más de mil años. Y de ahí para abajo… eso sí, siempre que vivan en el clima adecuado. Algunas leñosas son caducifolias, es decir, pierden las hojas en otoño y vuelven a brotar en primavera, y otras son perennifolias, es decir mantienen el follaje todo el año.

• En el extremo opuesto se hallan las herbáceas anuales. Estas plantas completan su ciclo vital en un año: germinan, crecen, florecen, semillan y mueren. Sus semillas aseguran la continuidad dando vida a nuevas plantas. Es el caso de muchas plantas de jardín: cosmos, amapolas, caléndulas, girasoles, capuchinas, celosías…

• Las bienales se toman dos años para cumplir el ciclo: en el primero germinan y crecen y en el segundo florecen y semillan. Como en el caso de las anuales, sus semillas darán paso a una nueva generación de plantas. Se consideran bienales las dedaleras y los pensamientos.

• Pero también hay herbáceas duraderas, las llamadas vivaces o herbáceas perennes, algunas de las cuales pueden vivir hasta 10 años (otras mucho menos, tanto que se tratan como si fueran anuales). La mayoría de las plantas de jardín son vivaces: geranios y gitanillas, todas las bulbosas —de los tulipanes a las dalias, pasando por los gladiolos y azucenas—, toda clase de margaritas y gramíneas, aromáticas como la menta… Algunas mantienen tallos y follaje todo el año, como ocurre con los geranios, por ejemplo, y muchísimas plantas de interior, empezando por las sansevierias, begonias y helechos. Pero muchas otras pierden la parte aérea —tallos, hojas— cuando llega el invierno, para volver a emitir brotes en primavera, o en verano, para rebrotar cuando remite el calor. Las vivaces se reproducen por semillas, pero también por esquejes de tallos u hojas, lo que permite obtener plantas idénticas.

¿Qué significa que una planta es rústica?

En jardinería, rusticidad es la capacidad de resistencia de las plantas ante el frío. Es una información de gran importancia porque permite saber en qué lugares se podría plantar al aire libre. Una planta que vive feliz en Andalucía o las Canarias, como la buganvilla, difícilmente resista el invierno del centro de la Península. Otro ejemplo: las plantas que cultivas dentro de casa suelen ser de origen tropical o subtropical y no sobrevivirían en el exterior en las regiones donde hace mucho frío, por ello se consideran ‘de interior’. Consulta Zonas de rusticidad: ¿cuánto frío pueden soportar tus plantas? en Verde es Vida nº91 (hemeroteca online).

¿Cuánto hay que regar?

• Lo que pida cada planta. Un espatifilo, por ejemplo, necesita generosos riegos diarios en verano y más espaciados en los meses fríos; un cactus, un buen riego muy de vez en cuando y tal vez ninguno en invierno. La temperatura y la sequedad ambiental son determinantes, sobre cuando se cultivan al aire libre y más aún si es en tiesto: cuanto más pequeño, mayor es el riesgo de quedarse seca.

• Entonces, ¿cuándo tienes que regar? Unas hojas de aspecto lacio no indican necesariamente falta de riego. Puede ser justo lo contrario. Lo más práctico es meter un dedo en la tierra. Riega si notas el sustrato seco, o apenas húmedo en las plantas que requieran un suelo fresco (infórmate al comprarla). Hay excepciones: las azaleas y muchos helechos, por ejemplo, necesitan que el suelo se mantenga húmedo (pero tampoco encharcado).

• Riegos largos y espaciados. Lo mejor es introducir la maceta en un recipiente con unos dedos de agua para que la tierra se humecte lentamente por capilaridad. Si es con regadera, que sea generoso. Esto vale también para los cactus y suculentas. La clave está en no volver a regar hasta que el sustrato esté seco, o haya perdido el grado de humedad que exige esa planta en particular. El exceso de agua en el suelo impide a las raíces respirar y da pie a la aparición de microorganismos que producen manchas en las hojas o pudrición.

• Asegurar un buen drenaje. Es esencial que la maceta cuente con agujeros de drenaje para que el agua sobrante escurra bien, sobre todo si se va a colocar dentro de un recipiente estanco en cuya base pudiera acumularse. Te recomendamos leer Los errores que hacen sufrir a tus plantas.

¡Esta es la actitud!

• Mucha paciencia. El ritmo de las plantas es lo opuesto a la velocidad y el eterno presente en que vivimos hoy. En su mundo todo es (más) lento y a largo plazo. Puede que no se te den bien al principio… no importa. Piensa que todo es un aprendizaje.

• Infórmate bien. Cada planta es un mundo, un individuo con sus propias necesidades y exigencias. Aunque existan una serie de cuidados comunes, averigua cómo es, de dónde viene y qué precisa cada una en particular. Si no sabes o tienes dudas, consulta en tu centro de jardinería, lo importante es que cuentes con información de calidad. Puedes confiar en la que te ofrecemos en Verde es Vida y verdeesvida.es.

• Obsérvalas (detenidamente). Son preciosas, pero lo que de verdad hace falta es una observación minuciosa. Lo ideal es establecer un día de la semana. Revísalas de arriba abajo, solo así podrás detectar si todo va bien o están sufriendo por algo: falta o exceso de riego o abono, una plaga, un hongo…

• Mucha constancia. Unas menos que otras, pero todas las plantas necesitan atención. Ser constante en los cuidados es esencial, especialmente en los tratamientos fitosanitarios de prevención y control.

• Y, sobre todo, ¡disfrútalas! Son compañeras de vida… nunca mejor dicho. Son grandes aliadas de tu salud: aportan oxígeno, descargan los ambientes de CO2 y sustancias volátiles potencialmente tóxicas, humidifican el aire... todo lo cual contribuye a tu bienestar físico y mental. Pero, ¡y lo que hacen por levantarte el ánimo! Entretienen, su presencia verde es relajante, son decorativas y, además, mensajeras de buenos deseos.


Fuente: verdeesvida.es

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